RECORDAR FUKUSHIMA: LA HERENCIA DEL NEGOCIO NUCLEAR.

cartel fukushima

Nuevamente, en recuerdo del 11 de marzo de 2011 y dado que la situación es cada vez más alarmante en Fukushima, afirmamos que las centrales nucleares representan el peor legado contaminante del mundo, de la historia y un riesgo letal para las generaciones siguientes durante miles de años. ¿No es suficiente ya?

Desde ADENEX y Ecologistas en Acción Campo Arañuelo nos preguntamos nuevamente: ¿Qué justificación de empleos puede seguir pregonando una industria subvencionada en gran parte de su ciclo tecnológico? Cuando en alguna zona donde se asientan las centrales nucleares se alarman de su cierre industrial: ¿Acaso estamos ignorando que aún queda todo el desmantelamiento (mínimo 15 años más) y gestión de residuos radiactivos (más de 10.000 años)? Frente al cierre declarado aquí en Almaraz y en todos los demás sitios del Estado?, ¿pretendemos ignorar que vamos a pagar, con nuestro recibo de la luz, los trabajos de desmantelamiento y protección de los residuos generados por una industria que afirma no haberlos producido? Por ello, Cuantos más años sigan abiertas solo estamos prolongando el riesgo y aumentando la generación de residuos que todos estamos pagando con un coste muy elevado.

Lo que es cierto es que estamos asistiendo al declive de la energía nuclear en el mundo. De las anunciadas 1.000 centrales a nivel mundial que hoy deberían estar en funcionamiento, solo 415 centrales siguen abiertas, con una edad media de 30 años y unas pocas (22 en construcción), desde hace décadas iniciadas, sufren retrasos de más de diez años, sobrecostes y defectos tecnológicos graves en los nuevos reactores denominado de tercera generación. Hace tiempo que la energía nuclear civil perdió la competitividad económica para poder subsistir sin las ayudas estatales, Esto, unido a las mejoras en la instalación de las energías renovables, a nivel mundial y del ahorro energético, vuelven a la energía nuclear obsoleta y ridícula.

Su declive pondría fin al expolio y la contaminación de los países empobrecidos donde se extrae el uranio y al riesgo probabilístico de otro accidente grave a nivel mundial que nadie se atreve a descartar dado el envejecimiento progresivo del parque nuclear, el cual solo aporta el 4,5 % de la energía primaria comercial mundial. Francia, que es el único país realmente concernido en su apuesta por lo nuclear (por ejemplo al otro lado de la frontera española, a unos 400 km, hay todavía 20 reactores en marcha) dado su dependencia militar del átomo ha declarado que una accidente grave puede tener lugar en su país.

Aunque desde los foros pronucleares se quiera “normalizar” el accidente atómico, para seguir aprendiendo de los graves defectos tecnológicos de una industria fallida, lo que se trata es de transmitir el convencimiento de que la posibilidad de cualquier accidente es totalmente aceptable y que el sector, por supuesto, es capaz de superar. Según un estudio del instituto Maxc Plank, “Un accidente nuclear catastrófico como los de Fukushima o Chernóbil puede producirse en algún lugar del mundo una vez cada 10 o 20 años, lo que significa una probabilidad 200 veces superior a las estimaciones realizadas en Estados Unidos en 1990”. Esto nos hace ver que las centrales nucleares en el mundo no son similares a cualquier otra industria ni en su funcionamiento ni en su cierre definitivo, donde los planes de emergencia se quedan inoperativos y los seguros de responsabilidad civil los paga el Estado. Ni limpio, ni seguro, ni barato como sigue demostrando hoy en día el caso de Fukushima donde hay más de 5.000 personas trabajando en el sitio y la amenaza de verter al océano toda el agua contaminada, imposible de mantener en los contenedores de tierra, afectando a la pesca a nivel mundial.

Para ADENEX y Ecologistas en Acción Campo Arañuelo es primordial el papel del regulador en España, el Consejo de Seguridad Nuclear. El CSN debe ser independiente y riguroso, y en la prórroga de siete años más para el caso de Almaraz son fundamentales las exigencias para que la “cultura de seguridad” sea la requerida con el máximo rigor técnico y científico, incluso si algunas requieren de altas inversiones económicas al respecto.

Todo ello unido a la responsabilidad del Gobierno del Estado para que la industria que gestiona todo el parque nuclear (siete centrales aún en funcionamiento) realice las obras requeridas. Es cierto que todas las centrales se han adecuado a realizar algunas mejoras tras el accidente de Fukushima, y así lo han dibujado en sus instalaciones como en Almaraz. Un dibujo que no contempla lo que aún puede ser un riesgo mayor aquí: Por ejemplo, no se contempla la rotura de la presa de Valdecañas debido a causas naturales o accidentales. Ni tampoco se considera, dadas las experiencias internacionales, que los planes de evacuación pasen de los 10 Km actuales a los 80 km reconocidos.

Por último, nos centramos en la responsabilidad del Gobierno regional, para no improvisar un estudio de las posibilidades reales de desarrollo comarcal, pues se debe empezar a tener en cuenta a la población antes de que todos los jóvenes se hayan ido del lugar. Expectativas las hay como así se ha demostrado en las sesiones que Adenex organizó hace cinco años con emprendedores y empresarios más activos de la comarca y que el presidente Vara se comprometió a elaborar, pero nunca realizó.

Un año más, por tanto, desde ADENEX y Ecologistas en acción Campo Arañuelo convocamos a toda persona que quiera el sábado día 7 de marzo plantar un árbol en recuerdo del desastre nuclear (rotonda de los Sauces) con un posterior encuentro en la sala Takta de Navalmoral de la Mata donde veremos a través del documental “La fuga radiactiva” de Eduardo Soto, qué es una fuga nuclear radiactiva y cómo esta afecta a las poblaciones circundantes. Porque nunca vuelva a ocurrir, ni en Japón ni en otro lugar de mundo.

CERRAR ALMARAZ Y TODAS LAS DEMÁS.

 

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