¿Por qué se caen nuestros árboles urbanos? La gestión técnica frente a la naturaleza

 

En el entorno forestal, la caída de un árbol es un proceso vital que alimenta el ecosistema. Sin embargo, en nuestras ciudades, la caída de un ejemplar no suele ser un evento accidental de la naturaleza, sino la consecuencia de una gestión técnica deficiente que compromete su estabilidad biomecánica.

Para entender por qué colapsan nuestros árboles urbanos, debemos analizar los factores críticos que los convierten en un riesgo en lugar de un beneficio.

El anclaje de un árbol depende de sus raíces. En la ciudad, nos enfrentamos a tres problemas graves:

Plantar un árbol en menos de un metro cuadrado, alcorques muy pequeños, impide el desarrollo de raíces estructurales. Por otra parte, el asfalto y el cemento obligan a las raíces a crecer de forma superficial, limitando su capacidad de sujeción.

Otra de las actuaciones a tener en cuenta son las obras de cableado o tuberías, cuando se suelen cortar raíces vitales que actúan como "tensores naturales", dejando al árbol indefenso ante cualquier temporal.

Decía el agrónomo francés Jean de La Quintinie, que “Todo el mundo corta, pero pocos saben podar”.

La mal llamada "poda" —que a menudo no es otra cosa que, una mutilación— es uno de los factores más determinantes. Las podas asimétricas y sin fundamento técnico, realizadas muchas veces solo para evitar quejas vecinales, o por la errónea creencia, de que ha llegado la época de poda, generan heridas que el árbol no puede compartimentar (cicatrizar adecuadamente).
Estas heridas se convierten en puertas de entrada para patógenos y hongos que pudren la madera internamente, debilitando la estructura de las grandes ramas y del tronco principal.

En muchos casos, los ayuntamientos cometen el error de plantar lo que el vivero ofrece sin un estudio previo. El resultado es previsible:

Chopos en calles estrechas o pinos piñoneros en espacios reducidos, por poner solo un ejemplo. Esto da lugar a ramas que invaden fachadas, raíces que levantan aceras y hojas que obstruyen bajantes. Ante esto, la gestión municipal suele tomar el "atajo" del desmoche, acelerando el ciclo de deterioro y caída del ejemplar.

Otro problema poco visibilizado, es el estado de los árboles que vienen en contenedor. Cuando un árbol pasa años en un envase pequeño, sus raíces comienzan a girar sobre sí mismas, fenómeno conocido como espiralización radicular. Al trasplantarlos, estas raíces se estrangulan entre sí, impidiendo la correcta circulación de la savia y condenando al árbol a tener una fijación mínima, lo que lo hace extremadamente vulnerable al viento.

Por otra parte, el exceso de agua, especialmente en zonas de césped donde el riego es constante, provoca encharcamientos que las raíces de ciertas especies no pueden tolerar, pudriéndose y perdiendo su capacidad de agarre al suelo.

La seguridad de la ciudadanía y la salud de nuestro patrimonio verde dependen de una premisa sencilla: saber qué poner en cada lugar.

Evitar la caída de los árboles urbanos no requiere soluciones mágicas, sino criterios técnicos en la selección de especies, un manejo correcto desde el vivero y el respeto a la integridad biomecánica del árbol. Un árbol sano y bien ubicado no es un peligro, sino el mayor aliado de una ciudad habitable.. Por lo que los Planes de gestión del arbolado urbano son una herramienta eficaz y eficiente de, con unos recursos determinados, poder llevar una gestión lo más adecuada al contexto físico y social del que se trate. Aplicando formaciones adecuadas a los operarios que realizan  las podas.

Desde ADENEX reivindicamos la puesta en marcha de una Ley Regional de Arbolado Urbano, el cumplimiento de las ordenanzas municipales respecto a las dimensiones de las alcorques, así como la elaboración y puesta en marcha de estos planes de gestión, asignando así unos recursos económicos municipales que transformen el arbolado urbano en un recurso ambiental fiable, seguro, sano y deseable para la ciudad y su población en el contexto de cambio climático y altas temperaturas estivales con picos de olas de calor que están por encima de lo conocido hasta ahora. Contribuyendo a la sostenibilidad y mejora de la calidad de vida de las zonas urbanas.

 

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