
Un reciente informe sobre el impacto económico y social de los reactores de Almaraz en la zona es contundente: los ayuntamientos han recibido enormes sumas de dinero durante más de 40 años, sin que eso haya servido para mantener a la población ni para crear un tejido industrial, a sabiendas de que se trataba de una industria con fecha de caducidad (AMAC, 2021, Informe de impacto socioeconómico del cierre de la CNA). (Más información)
Hay tres elementos fundamentales que explican la descomunal campaña del supuesto auge de la energía nuclear, precisamente en el momento de su decadencia tecnológica y final de su funcionamiento a nivel mundial.

El pasado martes 11, el Ateneo de Cáceres acogió un encuentro clave para el movimiento antinuclear extremeño. En una charla-debate organizada por Ecologistas en Acción de Extremadura, ADENEX y Cuaderno Extremeño para el Debate y la Acción, se abordaron las razones fundamentales para el cierre de las centrales nucleares españolas, incluyendo la de Almaraz, en la provincia de Cáceres.
El objetivo principal de este evento fue concienciar a la ciudadanía sobre la necesidad de actuar ante la amenaza que supone la continuidad de estas instalaciones. Durante el debate, se expusieron argumentos en torno a la seguridad, la gestión de residuos radiactivos y la viabilidad de un modelo energético sostenible basado en fuentes renovables.

- El accidente de Three Mile Island muestra el futuro que propone la industria nuclear, ocultando los daños colaterales de trabajadores y residentes en estudios epidemiológicos y la ausencia de planes de emergencia.
- Las centrales nucleares obstaculizan a las energías renovables, porque impiden su desarrollo descentralizado de producción y porque no tienen ninguna ventaja ante la emergencia climática.
- Al poderoso lobby nuclear francés no le salen las cuentas: sobrecostes, pérdidas por mantenimiento de las envejecidas nucleares y fracaso en el diseño de nuevos prototipos, que generan importantes deudas y solo se justifica por el programa de armas nucleares.

La sociedad civil tiene que actuar ante la amenaza de la continuidad de las Nucleares.
La nueva ofensiva pronuclear, articulada por cierta clase política, junto con el lobby empresarial y la red clientelar creada en torno a los municipios afectados, no tiene otro objetivo que socializar los costes de gestión de los residuos radiactivos tras décadas de enriquecimiento por parte de las eléctricas.
Mantener la producción de estas viejas centrales nucleares supone, además de una estafa, un riesgo para la ciudadanía, que ni siquiera está protegida por un protocolo adecuado en caso de accidente nuclear.