Un viaje ambiental de Fábula: Marruecos 21 al 29 de abril

El pasado 21 de abril emprendimos una nueva aventura dentro del programa de viajes ambientales de ADENEX, en esta ocasión con destino a Marruecos. Durante nueve intensos días, hasta el 29 de abril, recorrimos algunos de los paisajes más emblemáticos del país vecino, combinando patrimonio cultural, historia y naturaleza en un itinerario tan completo como enriquecedor.

Desde las primeras horas de la mañana, con la salida desde Extremadura rumbo a Algeciras, el ambiente del grupo ya dejaba entrever lo que sería una constante durante todo el viaje: compañerismo, curiosidad y muchas ganas de disfrutar. Tras cruzar el Estrecho y adentrarnos en territorio marroquí, nuestra primera parada fue Asilah, un encantador pueblo costero de origen portugués que nos recibió con sus murallas, su medina blanca y su inconfundible aire artístico.

El recorrido continuó hacia Rabat, capital del país, donde pudimos acercarnos a su historia visitando enclaves tan significativos como la Torre Hassan o el Mausoleo de Mohamed V. Casablanca nos mostró una faceta más moderna antes de poner rumbo a Marrakech, una de las ciudades más vibrantes del norte de África. Allí, entre jardines, palacios y la bulliciosa plaza Jemaa el-Fna, el grupo pudo sumergirse en la esencia cultural marroquí.

A medida que avanzábamos hacia el sur, el paisaje se transformaba de manera espectacular. Cruzamos el Alto Atlas por el puerto de Tizi n’Tichka, disfrutando de panorámicas inolvidables, hasta llegar a la impresionante kasbah de Ait Ben Haddou, un lugar que parece detenido en el tiempo. Posteriormente, las gargantas del Todra y el valle del Dades nos ofrecieron algunos de los entornos naturales más sobrecogedores del viaje.

Sin duda, uno de los momentos más especiales fue la llegada al desierto de Merzouga. Allí, entre dunas rojizas y bajo un cielo inmenso, vivimos la experiencia de recorrer el desierto al atardecer y pasar la noche en jaimas. El silencio, la inmensidad y la belleza del entorno hicieron de esta etapa un recuerdo imborrable para todos.

El viaje de regreso nos llevó a través del valle del Ziz, con sus extensos palmerales, y hasta Volúbilis, donde las ruinas romanas nos permitieron conectar con una parte menos conocida de la historia de Marruecos. Finalmente, Tánger puso el broche a esta travesía antes de emprender el camino de vuelta a casa.

Más allá de los lugares visitados, si algo ha marcado este viaje ha sido el magnífico grupo humano que nos ha acompañado. Personas comprometidas, respetuosas y abiertas a descubrir, que han sabido disfrutar de cada momento, adaptarse a cada etapa del recorrido y crear un ambiente excepcional. Gracias a ellas y ellos, esta experiencia ha ido mucho más allá de un simple viaje, convirtiéndose en un espacio de convivencia, aprendizaje y conexión con el entorno.

Desde ADENEX seguimos apostando por este tipo de iniciativas que nos permiten conocer otras realidades, valorar la diversidad cultural y natural, y reforzar nuestro compromiso con un turismo responsable y consciente. Marruecos nos ha dejado huella, y, sin duda, este viaje permanecerá en la memoria de todos los que lo hemos compartido.

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