VIAJES AMBIENTALES: DESCUBRIENDO LAS MERINDADES

Del 8 al 12 de junio, un grupo de 30 personas participó en una nueva salida de Viajes Ambientales, un proyecto que busca ir más allá del simple hecho de viajar: explorar, conocer y conectar con el entorno desde el respeto, la curiosidad y la emoción compartida.
En esta ocasión, el destino fue la comarca de Las Merindades, al norte de la provincia de Burgos. Un territorio sorprendente, moldeado por la geología, el agua y el tiempo, que guarda en su interior un riquísimo patrimonio natural, artístico, cultural y humano. Durante cinco días, descubrimos sus pueblos, sus paisajes y sus historias, dejándonos llevar por la calma, la belleza y el valor de lo auténtico.
El viaje comenzó con una bienvenida en Medina de Pomar, punto de partida perfecto para sumergirnos en esta tierra de contrastes. A partir de ahí, cada jornada fue una puerta abierta a nuevas sensaciones: paseamos por el idílico entorno de Tobera, donde el agua y la piedra conviven en armonía bajo la imagen icónica del puente y la pequeña iglesia; exploramos la villa medieval de Frías, que se alza orgullosa sobre el Ebro como un castillo natural; y nos adentramos en rincones tan íntimos como el eremitorio rupestre de la Cueva de los Portugueses, uno de los lugares más sobrecogedores del recorrido.
Tuvimos también la oportunidad de conocer Oña, una localidad que rezuma historia, y caminar por la vía verde del río Oca, un paseo donde el silencio del bosque y el murmullo del agua nos acompañaron en cada paso. La naturaleza fue protagonista también en nuestra visita al Monumento Natural de Ojo Guareña, un complejo kárstico de incalculable valor geológico, donde el paisaje habla del paso de millones de años.

Uno de los momentos más especiales fue el recorrido por Puentedey, con su impresionante puente natural excavado por el río Nela, un prodigio de la naturaleza que parece sacado de un cuento. Y no faltó el componente cultural, con nuestra visita al románico menés en el Valle de Mena, donde el arte románico rural nos recordó la importancia del detalle, la piedra y la espiritualidad sencilla.
Nos acercamos también a Espinosa de los Monteros, en los Valles Pasiegos Burgaleses, donde el verde infinito del paisaje nos envolvió en una atmósfera serena. Pero si hay un lugar que dejó huella en todo el grupo fue el Monasterio de Santa María de Rioseco. Allí, bajo una intensa tormenta que cubrió el cielo de dramatismo, una de las voluntarias de la plataforma de recuperación del monasterio nos ofreció una visita conmovedora. Nos habló del esfuerzo comunitario, del compromiso con la memoria y del poder transformador de la cultura cuando se hace desde el corazón. Fue, sin duda, uno de los momentos más emotivos del viaje.
Además del recorrido, disfrutamos de la calidez de la familia que regenta el hotel que nos alojó, quienes nos hicieron sentir en casa desde el primer momento. Y cómo no, saboreamos la gastronomía local, rica en productos del entorno y en recetas tradicionales que se transmiten de generación en generación.
Viajes Ambientales no es solo una manera de conocer lugares. Es una forma de aprender, de emocionarse y de generar vínculos con el territorio y con quienes lo habitan. Las Merindades nos han regalado una experiencia profunda, diversa y transformadora. Volvemos con la mochila llena de paisajes, palabras, silencios y memorias que seguirán viajando con nosotros.
