Viajes Ambientales

Disfruta viajando verde con Adenex

Viajes Ambientales es un programa que surge a partir del Proyecto de Turismo Rural y Medioambiental Extremadura Verde en la Mirada en el año 2012. Abierto desde entonces a todo el público, mantiene la calidad, el estilo y las claves que definían el proyecto anterior, entre otras, el trato humano directo y la innovación constante de contenidos y métodos. Visitamos destinos y rincones de toda la Península Ibérica, Marruecos, … basándonos principalmente en los valores ambientales, que complementamos con patrimonio, gastronomía, tradiciones, artesanía… y todo aquello que nos lleve a conocer y acercarnos a las costumbres, la vida, las gentes… y todo lo que caracteriza a la comarca, provincia o región que estamos explorando. Cada viaje es único, con muchas horas de trabajo en busca de contenidos que sorprendan y emocionen a través de los sentidos, escogiendo cada detalle pensando en el viajero que busca conocer, aprender, descubrir, vivir… abrir su mente.

Viajes Ambientales por Álava y Guipuzcoa 17-21 noviembre

Entre los días 17 y 21 de noviembre, un grupo de ADENEX realizamos un viaje ambiental por tierras vascas, recorriendo algunos de los rincones más representativos de Álava y Gipuzkoa. A pesar del frío, la lluvia y el temporal previsto, nada detuvo a este magnífico grupo, que supo disfrutar plenamente tanto de los paisajes como de la cultura, la historia y la naturaleza del País Vasco.

Llegamos a Vitoria-Gasteiz en la tarde del primer día, tras cruzar buena parte de la península. La capital vasca, conocida por su vocación verde y su equilibrio entre patrimonio y sostenibilidad, nos recibió con una visita muy especial: “Vitoria de Leyenda”, un recorrido diferente al habitual que nos llevó por historias, personajes y rincones misteriosos que forman parte de la identidad de la ciudad.

Como colofón, pudimos asistir a un particular encendido de los faroles en el Museo de los Faroles, una tradición arraigada en la vida cultural vitoriana. Esta experiencia nocturna marcó un inicio lleno de magia para el viaje.

El segundo día nos dirigimos al Santuario de Aránzazu, un enclave emblemático enclavado en un paisaje espectacular de barrancos y formaciones rocosas. Allí realizamos una pequeña ruta que conecta el santuario con la Escuela de Pastores, en el Caserío de Gomiztegi, donde aprendimos sobre la relación ancestral entre el pastoreo, el territorio y la biodiversidad.

La visita, además de didáctica, nos permitió comprender el valor ecológico y cultural del pastoreo tradicional, así como degustar algunos de los quesos elaborados en la zona.

 

Por la tarde nos adentramos en Oñati, una joya del Alto Deba conocida por su impresionante patrimonio. Durante la visita guiada, descubrimos la Universidad Sancti Spiritus y su casco histórico.

Durante este día estuvimos acompañados por nuestro guía Vicente, extremeño de nacimiento, cuya presencia nos hizo especial ilusión y reforzó los vínculos entre territorios que comparten raíces e intereses comunes.

El tercer día estuvo dedicado a la Llanada Alavesa, comenzando por la iglesia de San Martín de Tours en Gazeo, con sus peculiares pinturas murales del siglo XIV, y continuando por una visita a Salvatierra/Agurain, donde recorrimos calles blasonadas, murallas y templos fortificados que narran siglos de historia. La jornada concluyó en el Santuario de Estíbaliz, la gran joya del románico alavés, ubicado en un entorno natural privilegiado que invita a la contemplación y al sosiego.

El cuarto día quedó marcado por el temporal. La ruta prevista al Laberinto de Arno, uno de los parajes kársticos más singulares de Euskadi, tuvo que suspenderse debido a la nieve acumulada en el puerto que hacía imposible llegar con seguridad al punto de inicio. Sin embargo, lejos de suponer un contratiempo, la alternativa resultó una experiencia muy enriquecedora. Nos desplazamos hasta el Centro de Interpretación de Ataria, en el Parque de Salburua, donde realizamos un recorrido por su humedal urbano, considerado uno de los enclaves de mayor valor ecológico de Vitoria-Gasteiz.
Allí, bajo la guía de Ibai, aprendimos sobre las aves que habitan y visitan esta zona, así como sobre la importancia de los humedales en la conservación de la biodiversidad y en la regulación natural del entorno.

Finalmente, el día 21, Vitoria nos despedía con una preciosa nevada. Así, emprendimos el regreso con la sensación de haber vivido una experiencia muy completa, en la que naturaleza, cultura y convivencia se entrelazaron a pesar de las inclemencias meteorológicas. Porque, sin duda, ni el frío ni el agua pudieron con este estupendo grupo, siempre dispuesto a aprender, a caminar y a dejarse sorprender por cada paisaje y cada historia del País Vasco.

OTOÑO MÁGICO EN EL PARQUE NATURAL DE URBASA-ANDÍA

Entre el 3 y el 7 de noviembre, un grupo de personas socias y simpatizantes de ADENEX emprendimos un viaje al norte peninsular para descubrir los secretos del Parque Natural de Urbasa-Andía, en Navarra. Han sido unos días en los que la naturaleza nos envolvió en su plenitud otoñal: bosques teñidos de rojos, ocres y dorados, nieblas que danzaban entre las hayas, y ese aire fresco y limpio que solo el otoño navarro sabe ofrecer.

El recorrido comenzó con un alto en el Cerrato palentino, donde visitamos las impresionantes bodegas excavadas de Baltanás y el Museo del Cerrato. Tras la parada cultural y gastronómica, continuamos nuestro camino hacia Navarra, con la ilusión puesta en los parajes del norte.

El primer día en tierras navarras nos adentramos en el universo rural de Lacturale, un centro de interpretación dedicado al ganado vacuno de leche. Allí aprendimos el proceso que hay detrás de un simple vaso de leche y conocimos el esfuerzo y los valores del trabajo ganadero sostenible.

Esa misma tarde, realizamos la ruta de los Robles Milenarios de Etxarri-Aranatz, un recorrido que nos transportó a otro tiempo. Entre caminos cubiertos de hojas y la luz dorada del atardecer, descubrimos robles majestuosos. Sus troncos retorcidos y su porte imponente son testigos silenciosos de siglos de historia natural y humana. Pasear entre ellos fue una experiencia profundamente conmovedora: una lección viva sobre la resiliencia de los bosques y la importancia de proteger estos monumentos naturales que conectan pasado y presente.

Pero sin duda, el momento más esperado llegó con la ruta al Nacedero del Urederra, una de las joyas naturales más emblemáticas de Navarra. Guiados por Koldo Villalba, el mejor guía de naturaleza de la región —y un auténtico apasionado de su tierra—, nos adentramos en un sendero que parecía sacado de un cuento. El río Urederra (“agua hermosa” en euskera) nos regaló su espectáculo de cascadas y pozas turquesas, mientras el hayedo, vestido con todos los tonos del otoño, formaba un techo dorado bajo el que caminamos en silencio y asombro. Koldo supo transmitirnos su conocimiento y su amor por la naturaleza con esa mezcla de sabiduría, humor y respeto que lo caracteriza. Gracias a él, cada piedra, cada hoja y cada brizna de musgo adquirieron un nuevo significado.

El viaje continuó con la visita al Monasterio de Iranzu, joya cisterciense escondida entre montañas, donde el silencio del claustro parecía dialogar con el rumor del bosque. Y al día siguiente, nos esperaba otra experiencia inolvidable: la ruta por el Hayedo Encantado y el Balcón de Pilatos. Allí, entre árboles cubiertos de musgo y raíces retorcidas, sentimos la magia de los bosques viejos, esos espacios donde la naturaleza se expresa libremente. Desde el mirador, a más de 300 metros de altura, contemplamos el valle de las Améscoas en todo su esplendor, una panorámica que nos dejó sin palabras.

Terminaba el día con una parada en Puente la Reina, con su emblemático puente románico del Camino de Santiago, emprendimos el regreso con el corazón lleno y la memoria repleta de momentos compartidos.

Más allá de los paisajes y las rutas, este viaje fue también un encuentro humano. El grupo de ADENEX que participó en la experiencia disfrutó de una convivencia ejemplar: risas en el autobús, charlas durante las comidas, canciones improvisadas y una complicidad que fue creciendo día tras día. La naturaleza, como siempre, sirvió de punto de unión y nos recordó por qué hacemos lo que hacemos: para conocer, proteger y amar nuestro entorno.

Volvemos de Urbasa-Andía con la certeza de que los bosques otoñales de Navarra quedarán grabados para siempre en nuestra memoria. Gracias a Koldo Villalba por su entrega y conocimiento, y a todas las personas participantes por mantener vivo el espíritu de ADENEX: viajar de forma sostenible, aprender de la naturaleza y fortalecer los lazos que nos unen como comunidad comprometida con la naturaleza.

 

Viaje ambiental a Toledo, Aranjuez y los Montes de Toledo

Del 7 al 9 de octubre, un grupo de 25 personas participó en un nuevo viaje ambiental organizado por ADENEX, en el que combinamos patrimonio natural, historia y cultura en un itinerario por Toledo, Aranjuez y los Montes de Toledo. Tres días de convivencia, aprendizaje y disfrute compartido que nos permitieron acercarnos a algunos de los paisajes y entornos más representativos del centro peninsular.

 

La primera jornada estuvo dedicada a Aranjuez, una localidad que refleja de manera excepcional la relación entre el ser humano y el paisaje. Acompañados por una guía local, realizamos una visita al Palacio Real de Aranjuez, donde pudimos conocer la historia de esta residencia de los monarcas españoles, su evolución arquitectónica y los usos que tuvo a lo largo de los siglos. La decoración de sus salas, los jardines interiores y las vistas al río Tajo nos transportaron a otra época.

Después, nos adentramos en el Jardín del Príncipe, un espacio verde de gran valor histórico y botánico, concebido como un lugar de recreo pero también de experimentación paisajística. Caminamos entre plátanos centenarios, álamos y tilos, observando las diferentes especies ornamentales y el trazado geométrico que armoniza naturaleza y arte. Fue una experiencia sensorial en la que el murmullo del agua y el canto de las aves acompañaron nuestro recorrido.

El segundo día lo dedicamos a una vivencia muy distinta, pero igualmente inolvidable: la visita al parque histórico Puy du Fou España, donde también disfrutamos del gran espectáculo nocturno “El Sueño de Toledo”. A través de una impresionante puesta en escena, con más de 200 actores y efectos visuales de gran formato, revivimos pasajes de la historia de Castilla y de España desde una mirada artística y emocional. Una forma diferente de acercarse al pasado, en la que la emoción y la creatividad se ponen al servicio de la divulgación cultural.

 

Para cerrar el viaje, el tercer día nos adentramos en la naturaleza de los Montes de Toledo, un territorio de gran valor ecológico y paisajístico. Realizamos una ruta interpretativa por un robledal, desde el Puerto del Robledillo hasta Las Navillas, donde aprendimos a reconocer las principales especies de flora y fauna de este ecosistema. Entre robles melojos, conocimos también aspectos relacionados con los oficios tradicionales y la arquitectura vernácula, como los antiguos muros de piedra seca o las construcciones rurales ligadas al pastoreo y la vida serrana.

El camino, nos recordó la importancia de conservar estos espacios, que mantienen viva la memoria natural y cultural del territorio.

Más allá de los lugares visitados, lo que hace verdaderamente especial cada viaje de ADENEX es el grupo humano que lo comparte. Muchas de las personas que participan en estas experiencias llevan años acompañándonos, formando ya una gran familia viajera, unida por la curiosidad, el respeto y el amor por la naturaleza. Entre risas, conversaciones y momentos compartidos, seguimos tejiendo lazos y sumando recuerdos que dan sentido a nuestro compromiso común: disfrutar, conocer y cuidar el mundo que nos rodea.

 

 

VIAJE A OPORTO Y VALLE DEL DUERO

 

 

Del 21 al 24 de octubre, un entusiasta grupo de personas socias y simpatizantes de ADENEX emprendimos un nuevo viaje hacia uno de los destinos más evocadores de la Península Ibérica: Oporto y el Valle del Duero. Durante cuatro intensos días recorrimos paisajes llenos de historia, cultura, vino y naturaleza, en una experiencia que nos permitió comprender mejor la estrecha relación entre el ser humano y el entorno natural del norte de Portugal.

Nuestro destino comenzó el 21 de octubre, cuando partimos desde Extremadura rumbo a tierras lusas. La primera parada nos llevó a Aveiro, conocida como la “Venecia portuguesa”, donde los canales, las barcas moliceiras y las fachadas coloridas componen un paisaje de luz y serenidad. Allí disfrutamos de la gastronomía local y de un paseo entre las playas de Barra y Costa Nova, un recorrido por pasarelas de madera disfrutando de una increíble puesta de sol. 

El segundo día estuvo dedicado a descubrir el alma de Oporto, ciudad Patrimonio de la Humanidad. De la mano de nuestra guía, Andreia Lopo, paseamos por su casco histórico, entre empinadas calles, azulejos centenarios y miradores con vistas al río Duero. Andreia nos transmitió, con su conocimiento y simpatía, el espíritu auténtico de la ciudad, esa mezcla de melancolía y vitalidad que la hace única. Tras un almuerzo en un restaurante local, visitamos el majestuoso Palacio de la Bolsa, ejemplo del esplendor comercial del siglo XIX y una joya arquitectónica que resume la historia económica de Portugal. La tarde finalizó con tiempo libre en La Ribeira, donde muchos disfrutamos del ambiente junto al río y de la gastronomía portuense.

 

 

El tercer día fue, sin duda, uno de los momentos más especiales del viaje: la travesía fluvial por el río Duero. Desde el muelle de Estiva embarcamos hacia Régua, navegando entre viñedos en terrazas y colinas cubiertas de verde, en un paisaje declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. A bordo, brindamos con vino de Oporto y compartimos un almuerzo mientras ascendíamos las esclusas de Crestuma-Lever y Carrapatelo, admirando la grandiosidad de las obras hidráulicas y la belleza natural del valle. En Régua, continuamos hacia Amarante, una pequeña joya del norte portugués con su emblemático puente de São Gonçalo sobre el río Támega. Su atmósfera tranquila y su patrimonio barroco fueron el broche perfecto para un día inolvidable.

 

 

El último día, antes de regresar, aún tuvimos tiempo para una última mirada a Oporto. Paseamos por la plaza de la Catedral, con sus vistas impresionantes sobre la Ribeira, y la Iglesia de Santa Clara, una joya del barroco portugués que nos dejó sin palabras por la riqueza de su ornamentación. Pasear por el Puente de San Luis I, símbolo indiscutible de la ciudad, fue una despedida perfecta antes de emprender el regreso, con una última parada en Aveiro para compartir la comida y las últimas impresiones de un viaje lleno de momentos compartidos.

Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a Andreia Lopo, cuya profesionalidad, amabilidad y profundo conocimiento del patrimonio natural y cultural de Portugal fueron clave para que este viaje resultara tan enriquecedor. Y, por supuesto, gracias también a todo el grupo participante, por su entusiasmo, compañerismo y espíritu de descubrimiento.

Este viaje a Oporto y el Valle del Duero reafirma el compromiso de ADENEX con el turismo ambiental responsable: conocer para respetar, viajar para aprender, y compartir para conservar. Portugal nos recibió con los brazos abiertos, y nosotros volvemos con la certeza de haber vivido una experiencia que une naturaleza, historia y amistad.

EL PARQUE NACIONAL DE CABAÑEROS ABRIÓ LA TEMPORADA DE OTOÑO DE VIAJES AMBIENTALES

 

 

 

Entre el 24 y el 26 de septiembre, un grupo de personas socias y simpatizantes de ADENEX emprendimos un viaje muy especial al Parque Nacional de Cabañeros, uno de los grandes tesoros naturales de la Península Ibérica. Tres días llenos de naturaleza, convivencia y momentos que nos recuerdan por qué nos gusta viajar juntos.

Nuestra aventura comenzó con la llegada a Horcajo de los Montes, en pleno corazón del parque. Tras instalarnos en el Hotel Parque Cabañeros, nos adentramos en el Centro de Visitantes, donde una exposición interactiva nos permitió conocer los ecosistemas que conforman este espacio protegido a lo largo de las estaciones. Gracias a las explicaciones de los guías, descubrimos la riqueza de la flora, la fauna y las tradiciones locales que han dado forma al paisaje.

 

 

La primera noche nos esperaba una bonita experiencia: una sesión de astroturismo con Mónica, de Las 7 Cabrillas. Bajo un cielo completamente despejado, nos guió para reconocer constelaciones, planetas y las historias que esconden las estrellas. El silencio del entorno y la inmensidad del firmamento crearon un ambiente mágico con la Vía Láctea como telón de fondo. 

 

 

El segundo día nos llevó a explorar algunos de los rincones más emblemáticos de Cabañeros. Comenzamos con un paseo hasta la ermita de Nuestra Señora de Guadalupe, desde donde pudimos disfrutar de unas panorámicas espectaculares de los montes circundantes. No faltó quien se arrancara a cantar y bailar: "Virgen de Guadalupe dame y la mano...". Continuamos hasta el área recreativa de Torre de Abraham, donde, de la mano de Roi, recorrimos la senda botánico-fluvial sobre pasarelas de madera, observando la vegetación de ribera y el monte mediterráneo que caracteriza la comarca.

 

 

Tras un merecido almuerzo, nos dirigimos a Casa Palillos, donde un itinerario interpretativo nos desveló los secretos ecológicos, geológicos y paisajísticos de este enclave. La jornada culminó con una emocionante ruta en 4x4 por el interior del parque, guiados por Darío y Ángel, que nos mostraron rincones de difícil acceso y nos hablaron de la fauna, la fauna, la historia y las costumbres de este espacio declarado Reserva de la Biosfera desde 1981. La experiencia, envuelta por el sonido vibrante de la berrea en su apogeo, nos dejó con ganas de seguir explorando, pero la llegada de la noche nos recordó que era hora de volver al hotel.

 

 

El último día emprendimos la esperada ruta guiada al Boquerón de Estena, acompañados por Tamara, quien nos condujo a través de los márgenes del río. Allí descubrimos la convivencia de especies vegetales mediterráneas con otras de carácter más norteño, como los tejos y los abedules, además de formaciones geológicas singulares y fósiles marinos que nos transportaron a tiempos remotos, cuando estas tierras estaban cubiertas por el mar.

 

 

Más allá de los paisajes, lo que hizo especial este viaje fue el ambiente del grupo. Como es habitual en las actividades de ADENEX, la convivencia fue cercana y cálida: compartimos risas, anécdotas y conversaciones que fortalecen el espíritu de familia que tanto valoramos. Cada actividad se convirtió en una oportunidad para aprender y disfrutar juntos, demostrando que los viajes ambientales no solo conectan con la naturaleza, sino también entre las personas.

Agradecemos de corazón el trabajo y la dedicación de los guías que nos acompañaron: Darío, Ángel, Roi y Tamara, así como a Mónica de Las 7 Cabrillas, cuya pasión por el cielo nocturno hizo de la primera noche un recuerdo imborrable. Gracias a ellos y al entusiasmo de todos los participantes, regresamos con la sensación de haber vivido un viaje que refleja la esencia de ADENEX: naturaleza, cultura, convivencia y compromiso.

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